El ciclo que nos une ¿Tu ciclo menstrual es saludable?
Desde la primera vez que menstruamos, entramos a una especie de “club”, nos une un hilo rojo con nuestras amigas, mamás, colegas, hermanas y cualquier mujer que pasa por la tarea de vivir sus días con cambios permanentes, que vienen de pronto y se instalan sin mucha información. Nos sincronizamos, nos acompañamos, nos prestamos una toallita, nos entendemos y hasta lloramos juntas cuando nos sentimos sobrepasadas por las hormonas.
Sin embargo, estamos muy poco informadas sobre cómo funciona este proceso. Muchas mujeres no saben que ser cíclicas es más complejo que tan solo contar aproximadamente 28 días, esperar a ver un sangrado y confirmar que no están embarazadas.
Y ya sé, nadie nos explicó mucho sobre el tema. Solo fuimos adaptándonos a un calendario y a estar pendientes de cuándo tocaba menstruar, y ya. La información sobre nuestro cuerpo nos empodera, nos permite decidir, nos otorga la capacidad de cuidarnos mejor y reconocer lo que no está bien. Piensa en tu anatomía, en el lenguaje propio de tu cuerpo y en las señales que te da. Todo esto es necesario observarlo y registrarlo; requiere consciencia.
El ciclo menstrual es un proceso fisiológico, es decir, forma parte del funcionamiento normal del cuerpo femenino. En él existe una coordinación entre el cerebro y los ovarios y, cuando es saludable, se producen las hormonas necesarias para intervenir en múltiples procesos que ayudan a mantener el equilibrio del organismo. Cuando este equilibrio se ve afectado, puede existir un impacto en numerosos sistemas, no solo en el reproductivo, sino también en el cardiovascular, metabólico, óseo y endocrino. Los ciclos irregulares son un indicador de disfunción a nivel sistémico que puede tener consecuencias posteriores y esto, lejos de asustarnos, debe abrirnos los ojos para ocuparnos también de nuestra salud menstrual, así como vamos al dentista, a terapia o a cualquier control médico de rutina.
Existen varios factores que pueden influir en la salud de nuestro ciclo. Por ejemplo, cómo te alimentas, cómo descansas, si estás expuesta a altos niveles de estrés, si utilizas anticonceptivos, si tienes alguna patología como el Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (muy frecuente), o qué productos utilizas y a cuáles estás expuesta. Por eso es vital que podamos observar nuestro ciclo y conocerlo bien para identificar cuándo no es saludable y modificar lo necesario para mantenernos sanas.
El ciclo tiene diferentes fases. La primera es la fase preovulatoria, durante la cual, en el ovario, se estimulan los folículos hasta que uno de ellos evoluciona lo suficiente para convertirse en el folículo dominante y ser ovulado. La ovulación es el evento central del ciclo porque gracias a ella se produce progesterona. Además, constituye un indicador muy evidente de salud menstrual, ya que cuando no existe ovulación pueden observarse consecuencias endometriales, metabólicas, reproductivas y sistémicas. Luego de la ovulación, comienza la fase postovulatoria o fase lútea, que se extiende hasta la siguiente menstruación.
Profundizar en cada una de estas fases y ser conscientes de cómo nuestros hábitos pueden apoyar la salud integral del ciclo debería ser una prioridad. Ningún cuerpo es igual a otro, y lo que funciona para ti quizá no funciona para otra mujer, así que nunca trates de encasillarte en los “parámetros normales” que puedan manejar otras personas. Recuerda que siempre habrá profesionales de la salud que puedan apoyarte y guiarte en cualquier proceso médico o informativo.
La etapa en la que menstruamos ocupa muchos años de nuestra vida. No importa si hoy estás comenzando, si estás a mitad de camino o si estás dejando de menstruar; estás en el momento correcto para conectar contigo y cuidar lo más sagrado que tenemos: nuestra conexión con este mundo y con nuestro cuerpo.
¿Te animas a comenzar a registrar tu ciclo?