El mapa que nadie te da cuando empiezas a buscar embarazo
“Porque comprender tu fertilidad también forma parte del camino”
Cuando una pareja decide buscar un embarazo, casi siempre imagina el mismo camino. Dejamos los anticonceptivos, calculamos aproximadamente cuándo son los días fértiles y esperamos que, tarde o temprano, aparezcan esas dos líneas en un test de embarazo.
Sin embargo, para muchas personas ese camino deja de ser una línea recta mucho antes de lo que esperaban.
Empiezan a pasar los meses y aparecen las dudas. ¿Estaré ovulando? ¿Será normal que todavía no haya llegado? ¿Necesitamos hacernos alguna prueba? ¿Debemos seguir esperando o consultar ya? ¿Y si el problema no soy yo? ¿Y si sí?
En ese momento hacemos lo que haría cualquiera: buscar información.
Leemos artículos, escuchamos experiencias de otras mujeres, descargamos aplicaciones para controlar el ciclo, seguimos cuentas sobre fertilidad y preguntamos a quién creemos que puede ayudarnos. Paradójicamente, nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano y, aun así, muchas parejas sienten que están completamente perdidas.
Quizá porque el problema no sea la falta de información, sino que nadie nos ha enseñado cómo funciona realmente la fertilidad.
Me gusta imaginarla como un mapa. No un mapa que nos diga cuánto tardaremos en conseguir un embarazo, porque eso nadie puede saberlo, sino un mapa que explique qué tiene que suceder para que ese embarazo sea posible.
Porque un embarazo no empieza el día que vemos un test positivo.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando el cerebro envía las señales necesarias para que uno de los ovarios seleccione un folículo capaz de completar su desarrollo. Dentro de ese folículo se encuentra el ovocito, que deberá madurar correctamente antes de ser liberado durante la ovulación.
Pero ovular no garantiza un embarazo.
Después de la ovulación, ese ovocito apenas vivirá unas horas esperando encontrarse con un espermatozoide. Y ese espermatozoide habrá recorrido un camino extraordinariamente complejo hasta llegar a la trompa de Falopio, donde habitualmente se produce la fecundación.
Si ese encuentro ocurre, comenzará uno de los viajes más fascinantes del cuerpo humano. Durante varios días, el embrión continuará dividiéndose mientras avanza hacia el útero. Solo cuando llegue al lugar adecuado y encuentre un endometrio preparado podrá producirse la implantación.
Y sólo entonces empezará un embarazo.
Cuando entendemos todo este recorrido, también entendemos por qué la fertilidad es mucho más compleja de lo que solemos pensar.
No depende únicamente de ovular. Ni solo de la edad. Ni exclusivamente de la calidad de los óvulos o del semen. Depende de que muchas piezas funcionen de forma coordinada y en el momento adecuado.
Por eso, cuando una pareja consulta porque el embarazo no llega, los profesionales no buscamos respuestas al azar. Intentamos averiguar en qué parte de ese recorrido puede existir una dificultad. En algunas ocasiones será importante confirmar que existe ovulación. En otras, estudiar el factor masculino desde el principio. A veces será necesario valorar la reserva ovárica, comprobar si las trompas son permeables o estudiar la cavidad uterina. Cada prueba responde a una pregunta concreta y cada respuesta nos ayuda a orientar el siguiente paso.
Creo que comprender esto cambia por completo la manera de vivir la búsqueda de embarazo.
Dejamos de pensar que todas las parejas necesitan las mismas pruebas o los mismos tratamientos. Dejamos de compararnos con la historia de otras mujeres. Y empezamos a entender que cada camino es diferente porque cada punto de partida también lo es.
Después de muchos años trabajando en reproducción asistida, si hay algo que he aprendido es que una de las mayores fuentes de angustia no suele ser el diagnóstico. Es no entender qué está pasando ni por qué se toman determinadas decisiones.
La información no puede prometer un embarazo. Pero sí puede ofrecer algo muy valioso: tranquilidad.
La tranquilidad de comprender tu cuerpo. De saber qué estamos buscando cuando pedimos una prueba. De entender por qué a veces el mejor paso es esperar y por qué otras veces merece la pena estudiar un poco más.
Porque, al final, el mapa de la fertilidad no sirve para encontrar atajos.
Sirve para dejar de caminar sin saber dónde estás.
¿Y tú? Si tuvieras que señalar en qué punto de ese mapa te encuentras hoy, ¿sabrías identificarlo?